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Fecha: 25 de febrero 2026
Redactado por: Redacción Ya! FM / AV
En medio del scroll infinito y las tendencias fugaces, hay historias que se quedan. La de Punch es una de ellas. Este pequeño macaco conquistó las redes no por travesuras graciosas, sino por una escena que rompía el corazón: sus ojitos húmedos y un changuito de peluche viejo que arrastraba por todo su recinto como si fuera su mamá, su amigo y su refugio al mismo tiempo.
Punch nació en julio pasado en el Zoológico de Ichikawa, en Japón. Desde sus primeros días enfrentó un comienzo complicado: su madre lo abandonó y los adultos de su grupo no lo aceptaron. En el mundo de los primates, eso puede significar aislamiento y vulnerabilidad. Para él, significó aferrarse a un orangután de peluche que pronto se convirtió en su inseparable compañero.
Dormía con él, jugaba con él y lo llevaba de un lado a otro. Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Y sí, era imposible no sentir un nudo en la garganta.

¿Por qué fue rechazado?
De acuerdo con cuidadores y especialistas en conducta animal, en varias especies de primates los bebés deben “ganarse” su lugar dentro de la jerarquía del grupo. En etapas tempranas, los adultos pueden mostrarse distantes o incluso algo hostiles, especialmente si el pequeño es percibido como frágil o diferente.
No es crueldad gratuita: es parte de una dinámica social compleja donde se define quién pertenece y cómo. Aun así, ver a Punch apartado tocó fibras sensibles en miles de personas que no tardaron en convertirlo en símbolo de resiliencia.

El abrazo que cambió todo
Pero la historia dio un giro inesperado y totalmente esperanzador. Un video difundido por el zoológico mostró el momento exacto en que un mono adulto se acercó lentamente a Punch. En vez de intimidarlo o alejarlo, lo rodeó con sus brazos y lo mantuvo cerca durante varios segundos.
Para expertos en primatología, ese gesto lo dice todo: el contacto físico positivo, como abrazos o acicalamiento, es clave en la cohesión social de los monos. Lo que se vio en cámara fue una transición clara: de la exclusión a la protección.
En términos simples: Punch empezó a ser aceptado.
Este tipo de interacción no solo reduce riesgos físicos, también fortalece su bienestar emocional y permite que el proceso de integración ocurra de manera natural, sin intervención humana innecesaria.
¿Y el famoso peluche?
No, no estaba ahí solo para hacernos llorar. El peluche fue elegido estratégicamente por los cuidadores. Según explicó Kosuke Shikano, uno de los encargados, el muñeco tiene pelo largo y zonas fáciles de sujetar, algo que ayuda a Punch a practicar conductas que necesitará en su vida adulta.
Además, su apariencia similar a la de un mono podría facilitar su adaptación futura a la manada. Es decir, ese juguete fue un puente emocional y social mientras llegaba el momento de ser aceptado por los suyos.
Mucho más que una historia viral
Aunque se trata de animales, la historia de Punch resonó como una metáfora poderosa: todos necesitamos pertenecer. El pequeño macaco nos recordó que la paciencia, el tiempo y un simple abrazo pueden cambiarlo todo.
Mientras continúa adaptándose a su grupo, Punch ya logró algo enorme fuera de su recinto: recordarnos que la empatía no es exclusiva de los humanos… y que a veces, incluso en la selva social, siempre hay espacio para una segunda oportunidad.
???? Baby monkey Punch from a Japanese zoo is beginning to be accepted by adult monkeys
— Visegrád 24 (@visegrad24) February 25, 2026
A new video shows an adult monkey approaching Punch and, instead of bullying him again, gently embracing the baby for an extended moment. pic.twitter.com/1Cm5XGIin5