Retro Weekend
ESCUCHA EN VIVO

Fecha: 15 de septiembre 2022
Redactado por: Redacción Ya! FM
Como uno de los puertos más importantes del país, Veracruz alberga cientos de relatos cargados de misterio y criaturas extrañas que alguna vez aterrorizaron el puerto más importante de México. Incluso hay personas que aseguran la veracidad de dichos relatos ya que personas conocidas se toparon frente a frente con los protagonistas de éstas historias, otros, los recuerdan como parte de la historia de la ciudad y el relato del “Muñeco de la Galatea” es uno de los más representativos y misteriosos de la ciudad porteña.
Las familias veracruzanas aún narran con cierto temor los sucesos que sucedieron hace aproximadamente un siglo atrás, en una de las tiendas más prestigiadas del puerto Jarocho, “La Galatea”. Esta tienda se ubicaba en la avenida Independencia esquina con Mario Molina en el centro de la ciudad de Veracruz donde actualmente encontramos un Mc’Donalds.
Cabe decir que en los primeros años del puerto, el aparador de la tienda siempre se encontraba repleto de personas que, con curiosidad, observaban un muñeco de rasgos tan definidos que le daban la impresión de tener vida. Dicho muñeco, siempre sostenía entre sus manos un cartel en el que se anunciaban las ofertas que ese día se podían encontrar dentro del lugar, lo cual hacía imposible no posar la vista sobre él aunque fuese por una vez.
Algunos de los curiosos que contemplaban al singular muñeco, aseguraban que decía algunas palabras, las cuales eran percibidas como susurros a causa de los anchos cristales que le resguardaban. Entre sus movimientos de manos, al compás de una sonrisita y sus ojos enmarcados con unas tupidas cejas, generaba en las personas comentarios que con el paso del tiempo se volverían de terror y asombro.
Los vecinos comentaban en voz baja desde las puertas de sus casas, que una noche, vieron sangre en la cara del muñeco, incluso las pupilas que tenía no parecían de plástico, pues se podían ver las venitas rojas a través de ellas si mirabas fijamente, incluso también se podían ver los lagrimales detalladamente, los cuales muchas veces estaban húmedos, pues el muñeco lloraba por las noches. Se cuenta que muchos curiosos se acercaban a altas horas de la noche a ver al singular muñeco, pero cuando menos se lo esperaban este desaparecía, dejando en su lugar algunas gotas de sangre y lágrimas envueltos en un pestilente olor.
Mientras los adultos se concentraban en las historias que se hablaban sobre el muñeco, los niños iban a verlo al aparador y le hacían bromas a través del cristal. Entre trompetillas y burlas comenzaron a destacar dos pequeños, que de acuerdo con la leyenda, llevaban el nombre de Pedrito y Ramoncito de siete y ocho años de edad respectivamente, quienes siempre llegaban a ver al muñeco pasadas las cinco de la tarde.
La asistencia de los niños era una costumbre ya, por lo que fue fácil para los dueños del lugar notar su ausencia durante al menos 12 días. Cuando volvieron al negocio, las caras y brazos de los pequeños estaban marcados con golpes y arañazos, llenos de miedo, contaron a las personas que una noche, después de ir a hacer su visita de rutina a “La Galatea”, el muñeco los había esperado en la esquina de sus viviendas y tras convencerlos de acercarse a él, los golpeó hasta dejarlos al borde del desmayo.
Quienes acudieron en su ayuda después de escuchar los gritos de Pedrito y Ramoncito, aseguran que el muñeco desapareció de la escena sin dejar rastro alguno. Pero aquel escarmiento por parte del siniestro muñeco no fue suficiente, los niños siguieron asistiendo con puntualidad a burlarse de él, entre amenazas de arrancarle sus cejas pobladas o meterlo a bañar al mar, el juguete fue humillado hasta el cansancio, pero sería la última vez.
Pocos tiempo después, se leía en el titular del periódico de la ciudad el asesinato a sangre fría de dos niños en las inmediaciones de sus viviendas, sus cuerpos fueron encontrados con múltiples latigazos y una herida en el cuello, que resultó ser la causa de sus muertes, los habían degollado. El crimen quedó sin esclarecer y la consternación entre la población se hacía latente.
El encargado de abrir el aparador de la tienda notaba, día tras día, cambios en la cara del muñeco, la sonrisa ya no iluminaba su rostro de manera armoniosa, sino que ahora se tornaba llena de venganza y satisfacción. Una mañana, al abrir el aparador, se dieron cuenta que el muñeco había desaparecido y en su lugar estaban los dedos arrancados de los pequeños.
Las leyendas suelen ser tomadas a la ligera y algunas son olvidadas con el correr de los años, pero quienes han caminado de noche por las calles que rodean a la antigua “Galatea” aseguran haber visto una pequeña figura parada en la esquina, bañada de sangre y con las cejas desprendidas, mira a todos lados como si buscara algo, para después desaparecer entre las sombras de la ciudad. Incluso escuchan los cascabeles del muñeco caminar a altas horas de la noche. Hay testigos que dicen que si visitas el segundo piso de este establecimiento puedes escuchar los rasguños del muñeco, sus pasos y sus respiraciones.